
Estábamos ahí solas, me temblaba todo, tenía hasta el último músculo paralizado y estaba segura que mi compañera se sentía igual.
El cabello recogido con dos litros de gelatina sin sabor, ningún cabello podía estar fuera de lugar, el adorno grande y brillante, el peinado estaba perfecto, maquillaje extravagante y vestido decorado con lentejuelas, canutillo y pedrería. Parecíamos muñecas de cristal.
Por mi mente miles de recuerdos de las 7 horas diarias de entrenamientos, los chequeos, gritos de la entrenadora y palabras de entusiasmo de mi compañera.
Mientras marcamos por última vez la rutina y nos asegurábamos de las narigueras de repuesto, el locutor anuncia nuestros nombres.
Oh! Dios ya era mi turno, tenía q salir, bendición y beso de mamá.
Caminamos por el tapete rojo, con la cabeza abajo y paso firme, llegamos al borde de la piscina mano en la cintura alzamos la frente y saludo al público. Cientos de miradas encima de mi, siento miedo y angustia, todo va a salir bien, hemos memorizado la rutina en detalle y cada uno de los gestos -dice mi compañera-
Nos acomodamos para empezar mientras comienzo a pensar en apretar las nalgas, torsión en la brazada, movimientos fuertes y piernas firmes.
Vuelven a anunciar nuestros nombres y el club de donde venimos, suena la música, ya no me puedo echar para atrás.
1, 2 ,3 , 4, 5 ,6 ,7, 8 ,1, 2 y al agua
La adrenalina invadía mi cuerpo y los nervios iban desapareciendo como por arte de magia.
Busco a mi compañera para la primera posición, enlazamos nuestras piernas y las sacamos a la superficie, me esfuerzo en la brazada la altura tenía que ser perfecta pasan 4 grupos de 8 conteos antes de que podamos salir a respirar, primero sale mi compañera y después yo en una secuencia de brazos, el alma me vuelve al cuerpo cuando por fin puedo llenar mis pulmones de aire recuperando y guardando energía para lo que faltaba.
Volvemos a sumergir la mitad de nuestros cuerpos dejando afuera las piernas en combinación con la música y las posiciones técnicas como submarinos dobles, ballet, spleet, arcos, empeines todo en una combinación y armonía perfecta con la música nuestros cuerpos expresando el arte de nadar sincronizadamente. Son los 4 minutos más largos de mi vida.
Al salir de la piscina y ver la cara de satisfacción de la entrenadora nos damos cuenta que lo hemos hecho bien, con el corazón a punto de Salir de nuestro pecho nos paramos donde empezó la rutina, listas para escuchar las calificaciones de merito técnico y expresión artística.
Mientras observábamos el rostro del público que aplaudía nuestro gran esfuerzo. Comienzan a leer las calificaciones todo por encima de 8.5 ¡una rutina perfecta! Parada firmemente le cojo la mano a mi compañera con la satisfacción de que todos los entrenamientos habían dado resultado y habíamos dado lo mejor de cada una en esos 4 minutos, nos despedimos del publico y salimos de ahí con pasos fijos y seguros....