martes, 10 de febrero de 2009

Una historia mocosa...

Todos estábamos compartiendo el día mas hermoso del año, navidad, en la finca de los abuelos, a media noche se repartieron los regalos, cuando de un momento a otro se apagaron las luces, la montaña comenzó a templar. Y lentamente de la nada salio una nave  con grandes tentáculos que amenazaba con llevarnos de ahí. Los hombre de la casa salieron a protegernos y como pusieron resistencia  la poderosa nave con su láser los convirtió en cucarachas.

Ahora las mujeres indefensas tenían que proteger su vida, de la nave sale un hombre negro, musculoso, con un solo ojo en su enorme frente y sin pelo. Nos aterrorizamos, el se dirige asía nosotras y mata a todas las mujeres viejas,  gritamos, pedimos ayuda pero nadie nos oía, salimos corriendo, cuando de pronto el hombre se transforma del ojo le salen dos más, la piel se le va desprendiendo y se va envolviendo de una baba verde, esa cosa asquerosa se va regando por toda la montaña, nos atrapa, luchamos con todas nuestras fuerzas para salir, pero cuando la baba se va recogiendo quedamos atrapadas en el estomago de ese animal.

El satisfecho se devuelve a su nave, y nos trasporta a su cueva debajo del mar, ahí nos libera de su asqueroso estomago y nos convierte en sus prisioneras. Aterrorizadas no sabíamos que hacer, hasta que mi prima se le ocurrió la gran idea de seducir al Sr. Moco  para que así nos liberara, pero los papeles se cambiaron. Y mi prima se enamora del hombre moco.

jueves, 5 de febrero de 2009

Suspiro Profundo..

Estábamos  ahí solas,  me temblaba todo, tenía hasta el último músculo paralizado y estaba segura que mi compañera se sentía  igual.

 El cabello recogido con dos litros de gelatina sin sabor, ningún cabello podía estar fuera de lugar, el adorno grande y brillante, el peinado estaba perfecto, maquillaje extravagante y vestido decorado con lentejuelas, canutillo y pedrería. Parecíamos muñecas de cristal.

Por mi mente miles de recuerdos de  las 7 horas diarias de entrenamientos, los chequeos, gritos de la entrenadora y palabras de entusiasmo de mi compañera.

Mientras marcamos por última vez la rutina y nos asegurábamos de las narigueras de repuesto, el locutor anuncia nuestros nombres.

Oh! Dios ya era mi  turno, tenía  q salir, bendición y beso de mamá.

Caminamos  por el tapete rojo, con la cabeza abajo y paso firme, llegamos al borde de la piscina mano en la cintura alzamos la frente y saludo al público. Cientos de miradas encima de mi, siento miedo y angustia,  todo va a salir bien,  hemos memorizado la rutina en detalle y cada uno de los gestos -dice mi compañera-

Nos  acomodamos para empezar mientras comienzo a pensar en apretar las nalgas, torsión en la brazada, movimientos fuertes y piernas firmes.

Vuelven a anunciar nuestros nombres  y el club de donde venimos, suena la música, ya no me puedo echar para atrás.

1, 2 ,3 , 4, 5 ,6 ,7, 8 ,1, 2 y al agua

La adrenalina invadía mi cuerpo y los nervios iban desapareciendo como  por arte de magia.

Busco a mi compañera para la primera posición, enlazamos nuestras piernas y las sacamos a la superficie, me esfuerzo en la brazada la altura tenía que ser perfecta pasan 4 grupos de 8 conteos  antes de que podamos salir a respirar,  primero sale mi compañera y después yo en una secuencia de brazos, el alma me vuelve al cuerpo cuando por fin puedo llenar mis pulmones de aire recuperando y guardando energía para lo que faltaba.

Volvemos a sumergir la mitad de nuestros cuerpos dejando afuera las piernas en combinación con la música y las posiciones técnicas como submarinos dobles, ballet, spleet, arcos, empeines  todo en una combinación y armonía perfecta con la música nuestros cuerpos expresando el arte de nadar sincronizadamente. Son los 4 minutos más largos de mi vida.

Al salir de la piscina y ver la cara de satisfacción de la entrenadora nos damos cuenta que lo hemos hecho bien, con el corazón a punto de Salir de nuestro pecho nos paramos donde empezó la rutina, listas para escuchar las calificaciones de merito técnico y expresión artística.

Mientras observábamos el rostro del público que aplaudía nuestro gran esfuerzo. Comienzan a leer las calificaciones todo por encima de 8.5 ¡una rutina perfecta!  Parada firmemente le cojo la mano a mi compañera con la satisfacción de que todos los entrenamientos habían dado resultado y habíamos dado lo mejor de cada una en esos 4 minutos, nos despedimos del publico y salimos de ahí  con pasos fijos y seguros....